PUNKI PATÉTICA, DJ MODERNO SIN BLONDIE

El Sr. Quinqui, me ha recomendado que le ponga música a mi blog. No lo voy a hacer. No se hacer eso. Soy un paquete de la informática. Se me da fatal. No porque sea poco diestra, sino porque no soy buena en lo que no pongo interés. La informática me aburre.
Aún así, cada nueva entrada de este blog, estará acompañada de una canción. Eso si, la que a mi me de la gana.
Imagina una canción de reggaeton. No, mejor, imagina una canción reggaeton, no de las conocidas, sino de las que, supongo, vienen de relleno en un disco del género. Pero que no sea actual, que sea por lo menos, de hace cinco años. No, no, no, cambio (en el fondo con este ejercicio de imaginación, la estoy gozando) IMAGINA UNA CANCIÓN DE RELLENO DE UN DISCO DE LOS DE IBIZA MIX DE LOS 90’S. ¿La tienes? Descárgatela. Si venga, descárgatela. Hazlo. Hazlo ¡YA!. (espero…)
Una vez que la tengas, ponla de fondo…
No. No me he vuelto loca (aún). No elijo “eso” por gusto, es lo que le pega a este viaje a “La Atlántida”.
Todo comenzó el jueves, cuando “La novia y les lumieres” cogieron un autobus destino Asturias. Todo transcurría con normalidad, MG leía mi “Intouch” y yo su “Glamour” y PA se comía los mocos porque a ella los temas trascendentes que tratan estas revistas, le aburren, así que se limitaba a leer a Jorge Bucay, cuyos libros, por todos es sabido, son una fiesta. Todo normal hasta la primera parada, Benavente. Benavente desde luego no es la ciudad de la modernidad, ni de las tendencias, pero sentada en el sucio suelo de su estación había una punki. La punki más cutre de la historia del movimiento. Cutre y patética. Una lástima. En el fondo, yo, tengo un espíritu mucho más punki que aquí la amiga. Llevaba unas mallas de leopardo y como buena rebelde, rotas en el culete. Pero no rotas de la mala vida de las pobres, no. Sino rotas por las tijeras de mama o en su defecto, de la abuela de la punki. La punki además, llevaba a la cadera una cadena del tipo “cierro finca” con candaó (probablemente la cadena fuera robada a papá, el día que cogió de costurero de mama las tijeras para el siete con vida de las mallas leopardiles). Por sino fuera poco, como distintivo de que era una autentica malota, también de su cadera, colgaba una auténtica estrella de Mercedes. Sin comentarios. Como buena punki, no tenía una cresta, dos adornaban su parcialmente rapada cabeza, una, teñida de rosa (como Avril Lavigne). La colega estaba bebiendo calimocho a morro de una botella de dos litros de Coca Cola, supongo para soportar el mono. Se sentó en el último asiento con el loro (¿se le puede llamar loro a un ipod? Es que tiene que sonar malote…) y tuvo intentos de intimar con “La novia y les lumieres”. No lo consiguió. Somos un grupo cerrado. Así que se escondió, no siendo que el busero le echara la bronca, para fumarse un cigarro. Quería parecer peligrosa. Como no daba miedo, sino pena, pues se preparó un porrillo y preguntó donde estaba el baño. Mientras hacia todo esto, a veces le daba el arrebato y se pegaba un lingotazo, y otras animaba al populacho al ritmo de su música. Ni dios le hacía caso.
Por si los pasajeros no tuvieran suficiente con la punki, a “La novia y les lumieres” les entró el ataque verborreico, y como chicas de mundo que somos, mezclábamos trascendentes temas de moda y estilo, con burradas propias de catetos y rudos hombres de la vida. Total, que al que teníamos delante, le pusimos la cabeza modorra y a la punki ganas de integrarse.
Al llegar a Oviedo, decidimos, hacernos las tímidas y bajar las últimas, sin darnos cuenta de que el fin de trayecto, no era en Oviedo, sino en Gijón, así que con el bus casi en marcha nos bajamos dando voces con todo el bus mirando.
Muertas de risa, cantado “Estas chicas son de pueeblo …” de la Melody salimos a la calle donde B (no se su apellido, no puedo ponerle otra inicial…) nos esperaba.
Tres horas más tarde, estábamos en Luanco al fin. En el coche nos comportamos y ni cantamos obscenidades ni temas míticos como “El señor conductor no se ríe…” (A todo esto, ¿por qué no cantamos “El señor conductor no se ríe”?). Tras una visita panorámica nocturna y un Cola Cao (mi espíritu rebelde se lo quedó la punki) estábamos en la cama soñando playa… amaneciendo lluvia.
Que no es de extrañar. Que lo raro hubiera sido sol caribeño. Amaneció lloviendo. PA abogaba por quedarse regocijándose en su saco hasta las 10 p.m y luego darse al ron (Prozac bien visto) pero conseguimos levantarla de la cama y llevarla a que se mimetizara con el mundo, el mar, los pájaros y las flores. En el Cabo de Peñas, el lugar más al norte de la península Ibérica, PA descubrió que en realidad a ella el arte no le va, que preferiría en esta vida ser feliz corriendo desnuda por los campos, no en vano, le va Heidi (esto lo digo yo, que ella ni palabrita, pero después de tantos años le leo la mente).
Como antes dije, somos unas chicas estilosas… y un poco tontas. Servidora se llevó a Asturias un único vaquero y una única chaquetita de punto. Nada de zapato cerrado. Todo sandalia y bailarinas.
Pitillos, florón en la cabeza, sandalias de ¿tacón? fue la guisa con la que yo me presente ante Madre Naturaleza. Madre Naturaleza en vez de reírse de una, se congratulo conmigo. Le hice gracia. No me castigó. Ni me despeñe, ni me caí. Así soy yo, divina hasta en el campo.
Asturias es un lugar extraño. Amaneció lloviendo que no entraban más nubes en el cielo y al ratito sol resplandeciente y sin pensarlo a la playa.
Si para ir al campo ya soy un caso (en realidad fueron las circunstancias, que yo tengo un pueblo, de esos en los que hay cacas de oveja y mujeres de negro con pañuelo en la cabeza que todavía segan a hoz) pues para ir a la playa más.
Soy de un blanco nuclear. Lo conservo con amor y orgullo. No es por elección. Es porque sino fuera blanca, sería rojo gamba. Si a la Madre Naturaleza le caigo bien, al astro Sol fatal. Sus rayos asesinos se topan con mi piel y hacen que me pique de con ardor. Y lo paso mal. Total que yo a la playa voy con lo que llamo mi burka. Mi burka es un pareo que coloco estratégicamente en esos lugares que me pican. Parezco una yonki que necesita amor y un bocata. Además fui en plan comando, sin gafas ni lentillas porque al quitarme las lentillas me pellizque en la cornea y se me puso la mitad del ojo izquierdo, rojo (rojo gamba). Era justo, justo, la mitad. Ahora que lo pienso, debía de dar un poco de miedo, yo tan blanca, con los ojos muy azules y las pupilas extremadamente dilatadas (¿Queé? me gusta mucho la gente) y medio ojo rojo, justo medio. Mola.
En plan comando, con los mismo pitillos y mi solitaria chaquetita de punto gris salí aquella noche. Presencié un drama tipo O.C en versión asturiana, mantuve un debate sobre las diferencias de la atracción entre hombres y mujeres (diferentes hasta que al día siguiente Les lumieres conocieron PR1…), y llegó el momento Atlantida.
El momento Atlántida fue precedido por un momento de mimetización personal. Dicen que sino puedes unirte al enemigo, lo mejor es unirse a él.
Situación. Los hombres integrantes de cinco equipos de rugby borrachos. Los hombres integrantes de cinco equipos de rugby borrachos buscando mujeres. Los hombres integrantes de cinco equipos de rugby borrachos buscando mujeres compitiendo entre ellos por ver quien ligaba con más mujeres. Los hombres integrantes de cinco equipos de rugby borrachos buscando mujeres compitiendo entre ellos por ver quien ligaba con más mujeres y apenas diez mujeres. Horror. Puntuación 1, 2, 3. Uno, un cesto (fea vamos) Dos, normalita. Tres, para ser fina, de buen ver. Con semejante panorama, no se como (bueno si, ellos iban borrachos, yo no) convencí a los capitanes de los dos principales equipos de que me dejaran ser jueza de honor. La jueza de honor es caballito blanco y no cuenta.
Integrándome yo (pequeña, y blancurría) en ese mundo de hombres de pelo en pecho andaba inmersa, mientras mi amiga lumiere se daba al ron (Prozac bien visto) y fue este, el que le hizo bajar a la ATLANTIDA
La Atlántida es un lugar extraño (tiene un alter ego que se llama Mayte) es una mezcla entre lo mejor de un discoteca de pueblo y un puti club. Enorme y frío ambiente, luces Roxanne, sofás de cuero falso desperdigados y un humo que cubría la pista central. Pero lo mejor era la música. Jamás y digo jamás había escuchado algo parecido, era el grandes éxitos de lo peor de cada casa. Como el relleno del Ibiza Mix. La gente que allí ¿bailaba? no ayudaba mucho a mejorar el ambiente. Una niña con unos shorts que dejaban, digo bien, ver el sujetador y chicos de rugby con los pantalones por el tobillo bailando en calzoncillos tipo slip, que es lo más antierótico del mudo junto con los calcetines de ejecutivo.
Mi amiga lumiere
que ya iba un poco perjudicada (si le preguntas por la Atlántida te va a decir que es el lugar más feliz del mundo, algo así como el Disneylandia de la marcha) fue poseída por un espíritu bailongo y con la afirmación de “esta y nos vamos” (se encontró con un pavo que le seguía el rollo y le daba con muelle a la cadera) lo dio todo, todo, todo (mueve la cadera, mueve el pie, mueve la tibia y el peroné!).
Tras haber sido jueza de honor, aquella noche tuve el privilegio de ser cofundadora del club “Hastaloscojonesdelaatlántida” junto con B. MG era socia de honor (a veces la muy esquirol bailaba y todo)
Llego un punto en el que los miembros de “Hastaloscojonesdelaatlántida” decidieron irse de allí. Mi amiga PA y PH se quedaron allí, dándole al ron y a la cadera.
Desde mi cama los oí salir de la Atlántida (que estaba a tres manzanas), subir por la plataforma, cantar en el jardín, entrar en casa, caerse en el pasillo y reírse (no se si de la caída, o de la Atlántida).
A la mañana siguiente juraron creer haber sido discretos y silenciosos…

1 comentarios:

Señor Quinquillero dijo...

Me he imaginado a la pobre punki bebiendo, fumando y molestando para llamar la atención... qué pena de mundo y qué triste, los punkis ya no imponen y son sólo un adorno más en una estación de bus.

 

Me leen...