4 de marzo de 2013

Revistas

Estuve comprando el Harper’s Bazaar España durante año y medio. Para los adictos al papel como yo, un único número no es suficiente para juzgar una revista por mucho que creamos que estamos tirando tres euros y medio. Me la compraba porque en el primer número salió en portada Carmen Kass y eso es una declaración de principios. Los siguientes números me los compré porque una cabecera que tiene la mejor portada de la historia de las revistas de moda (Linda Evangelista en blanco y negro por Demarchelier a principio de los noventa) merece un respeto. A partir de quinto numero y hasta el número quince lo hice por las cartas de la directora Melania Pan. Las cartas de la directora no las lee nadie, sólo los fans de Anna Wintour por si entre líneas apuñala a alguien y las de Melania que se convirtieron durante algún tiempo en un fenómeno para unos pocos, hasta que ella se dio cuenta y pasó del platino al moreno. Reconozco que todos los meses veo la portada del Harper’s en el kiosco y quiero comprarla pero luego sé lo que me voy a encontrar dentro y no va conmigo. Dicho esto también digo que Harper’s Bazaar España hace mejores portadas que Vogue de lejos. De muy lejos. 




Me encantan las revistas. Ya lo confesé al inicio de este blog en una entrada sobre las adicciones. Con la diversificación de los contenidos en la red y el aumento de estos en calidad en los últimos años, lejos de olvidarme del papel, cada vez demando más revistas tradicionales de calidad. Esto a pesar de ser yo una persona bastante activa en la red y de gustarme lo inmediato (ya he dicho más de una vez que el mayor hándicap de comprar online es el ansia que me produce la espera del producto). Para mí hay pocos momentos en el mes comparables al día que sale a la venta Vanity Fair y Vogue y ese primer vistazo rápido a los contenidos, por mucho que toqueteé mi iPad, no es lo mismo que tocar el papel satinado. Siempre hay honrosas excepciones como la Antonia Magazine, de cuantas revistas hay en la red, para mí la mejor por contar con teclados como el de Lucio Chiné o el de Leticia García. Creo que La Jefa lo está haciendo cada vez mejor.

Me encanta el papel y lo demando aunque sólo compro el Vogue (considero en los últimos años ha bajado la calidad) , Vanity Fair e Industrie Magazine, pero el saber que va a salir una revista nueva a la venta me produce el mismo nerviosismo que el primer día de colegio (es cursi pero no sé explicarlo de otra forma) siempre guardo la esperanza de que me cautive como lo hizo mi primer Vogue en Septiembre de 2002. Desde entonces muchas revistas se han empezado a publicar y yo a comprar: InStyle, Glamour, Cuore, la ya citada Harper’s Bazaar, YoDonna, Smoda, Esquire, Grazia y Vanity Fair y sólo me ha hecho lectora fiel Vanity Fair, pero la verdad es que antes de comprar ese número ya sabía que ella era para mí y con las otras eso presentimiento no estaba, hasta esta semana que va a salir a la venta Forbes España.

Me parece arriesgado pero también muy inteligente el lanzamiento de esta revista en España en los tiempos que corren pero creo que tendrá su público y eso que estoy escribiendo esto conociendo la Forbes original de oídas por sus famosas listas de los “100” (el ser bloguer me da el derecho a ser intrépida - léase con ironía -) Desconozco quien estará en portada pero algo me dice que es Amancio Ortega. No en vano hoy la cabecera madre ha publicado que es el tercer hombre más rico del mundo. Suerte.




19 de febrero de 2013

Cuando Tom soñó con Rihanna (y Puff Diddy)

Ayer, lunes 18 de Febrero fue el desfile de Tom Ford. Me acosté sin poder ver bien ningún pase porque a pesar de hacer un desfile multitudinario, no había ni streaming ni nowfashion. Está claro que incluso cuando Tom se vuelve mainstream sigue siendo lujoso. Hoy, martes 19 de Febrero he visto la colección seis veces a lo largo del día. Todavía no sé si me ha gustado (mucho) o no me ha gustado (mucho) pero de lo que estoy segura es que me ha impactado y eso era algo que no me pasaba desde hacía muchos ciclos de moda. Si algo no me gusta, no vuelvo a ello y a esto he vuelto seis veces hoy.


Estoy enamorada de Tom. Como todas las mujeres. Estoy segura que ninguna mujer le diría que no a Tom, a nada y vivo en un perfecto Síndrome de Estocolmo constante que me impide la objetividad absoluta. Su voz, su formada de mirar, de moverse, y la manera en la que concibe el universo femenino, fuerte y elegante que dista mucho de mí en verdad, me secuestra. Esto nos lo echaba en cara Natxo Sobrado a Di y a mí: el que nos pueden nuestros musos porque la colección es muy cani y hortera y a otro no se lo perdonaríamos (¿Marc Jacobs quizás?)

La colección, si, es muy cani y hortera. En apariencia. Los brillos, las bombers, los leopardos jamás vistos, como todo el mundo ha dicho, desde Gianni Versace… pero en cada pase, por muy hortera que pueda ser la falda de patchwork fucsia, se ve lujosa y perfectamente acabada. Se ve “de Costura” y no “del Primark” que es algo de lo que pecan muchos diseñadores maximalistas, de parecer baratos. Los cortes son magistrales, como los pantalones sport de encaje. Una prenda dificilísima pero que a mí me parece lo más apetecible e innovador de la colección junto con sus clásicas faldas de corte Carine y esos jerséis que se pegan al cuerpo.



Como la mayoría de las tendencias actuales, la inspiración esta en los noventa. En sus noventas. Hay un poquito de cada colección en esta: los pantalones de encaje del verano del 96, y sobre todo las flores y el folclore del verano del 99. Para aquella colección realmente se inspiró en la primera Cher y los pantalones vaqueros de flecos que presentó superaban los 1000 euros actuales, se agotaron en días. Hace poco vi un par a la venta con un precio de salida de 5500 dólares en eBay (y se vendieron). La forma de combinar las botas altas con la falda por la rodilla  me recuerda a su verano del 98 en Gucci. Su colección maldita. Entonces no se entendió un verano en terciopelo negro con botas altas. Recomiendo tirar de hemeroteca porque esas prendas funcionan hoy. 



Aún así y aunque finalmente compre la colección metafóricamente hablando, las prendas con estrellas psicodélicas no las entiendo, ni las comparto pero tampoco parecen de low cost. El problema radica cuando el low cost precisamente adapte las flores, el brilli, el leopardo y las estrellas. Ya no tendrán el acabado del muso Tom y entonces sí que serán horteras.





P.D Ningún desfile que recupere a Julia Stenger puede ser hortera.


P.D. 2. Si, he colgado mis seis pases favoritos obviando todo lo que parezca a un choque frontal entre Rihanna y P. Diddy en una exposición del difunto Gianni.

P.D 3. Las seis primeras fotos son de la colección del invierno 13/14 de Tom Ford. La séptima del verano del 96, la octava del verano del 98 y el resto del verano del 99 de Gucci.


5 de febrero de 2013

La Crisis


La culpa de la crisis es de todos y no voy a hablar de macroeconomía, que de eso somos marionetas en la cuerda del amor o en la cuerda del Bilderberg. Esto lo venía yo pensando desde hacía tiempo pero el programa del domingo sobre la educación en Finlandia que emitió La Sexta me ha dado para muchas reflexiones. Si la educación en España está como está no esculpa sólo de los programas educativos elaborados de manera partidista por los distintos gobiernos nacionales y regionales (que lo es) es también nuestra, de todos nosotros. Vamos a ver, ¿Cuántos de nosotros en la universidad a la hora de elegir créditos de libre elección, hemos optado por coger asignaturas que nos formaran y culturizaran en otros campos de la vida, por duras que fueran en vez de asignaturas de relleno para “pasar” y “completar”? Pocos por no decir ninguno. Yo la primera, que convalide créditos por cosas, digamos, la mar de variopintas. ¿Cuántos estudiábamos las asignaturas por la gracia de aprender, en vez de por la gracia de aprobar y sacar nota? Porque una cosa es estudiar a conciencia algo porque te gusta y quieres aprender y otra muy distinta estudiar los apuntes sesgados que te da un profesor poco reciclado, preguntas de test que se repiten hasta el infinito y apartados que siempre caen. ¿Cuántos de nosotros, generación mejor formada de la historia de España, llegamos a casa y nos enganchamos a “¿Quién quiere casarse con mi hijo?” antes que ponernos a actualizarnos un poco en nuestro campo de trabajo? Aquí no escondo la mano. Yo soy la primera que no he hecho ni hago nada de eso. Me culpa.

Un mes antes de terminar la carrera, mi socia y yo teníamos una compañera de clase que al sol de Mayo en el césped del campus nos confesó a ambas y a mi amiga MdO, que ella por menos de 2000 euros al mes no iba a trabajar. En ese instante le dijimos que quien se creía (2008 primeros coletazos de esta nuestra crisis) pero también es verdad que MdO y yo solíamos bromear ante una napolitana de chocolate con  Coca Cola, del coche que nos íbamos a comprar al terminar la facultad. No era un coche cualquiera, era el coche que una compañera unos años mayor, se había comprado a los pocos meses de empezar a trabajar. Porque amigos míos hubo un tiempo en el que compañeros míos de profesión se embolsaban esa cantidad siendo novatos. Y los demás nos lo quisimos creer. ¿Y eso es culpa de Bárcenas o Amy Martin? No, es nuestra, que vivíamos en un mundo de ponis de purpurina con mucha titulitis y poca formación real. Y en el fondo de nuestro ser lo sabíamos y lo sabemos. Porque la formación no es sólo cuantos títulos poseas sino también cuanta cultura tengas y eso cursa por libre. A día de hoy esa chica no ha olido aún 2000 euros todos juntos y MdO y yo no tenemos coche.

Nos falta esfuerzo y sacrificio y nos sobra postureo. Y tampoco hablo de ahorro. Que cada cual con su dinero haga lo que crea. No tengo Facebook pero a veces mi socia me presta el suyo para mirar a través del ojo de la cerradura, y ¿qué veo? Veo quejas de la crisis, veo paro y también veo muchos viajes, ropa, cenas y fiestas. Es verdad que no nos vamos a encerrar en casa a llorar el poder adquisitivo perdido,  y a contar el número de garbanzos que tocamos por cabeza, pero a la vez que nos quejamos de estar caninos queremos seguir subiendo a un tren que va más rápido. Una vez más yo la primera, cuyo historial de visitas a Yoox me convierte en VIP, pero es algún momento tenemos que parar y saber que en el tiempo que nos está tocando vivir no lo podemos tener todo y que a veces no hace falta dinero para conseguir algo sino esfuerzo y renuncia.

Envidio a esas personas que les da tiempo a todo. Yo salgo del negocio (y no salgo muy tarde) me voy a casa y ni actualizo el blog y todo por pereza que a veces ni cansancio. He analizado a la gente que llega a todo y precisamente la pereza no les caracteriza. No podemos cambiar nada sino empezamos por nosotros. No podemos exigir legalidad si nosotros no somos legales. No podemos exigir educación de calidad, sanidad de calidad y una calidad de vida nórdica si nosotros no nos esforzamos y ponemos nuestro granito de arena.

La crisis en España es global, va con el carácter, del que tanto presumimos. Tan bueno para la mayoría de las cosas, un lastre para otras. Eliminar lo malo no significa prescindir de lo bueno. 

7 de enero de 2013

REBAJAS

Hubo un tiempo allá por los ochenta y noventa donde las estaciones las marcaba el “Colmado de Isidoro” ahora las estaciones no existen porque “Emporio Amancio” se las ha cargado. Al honor de no tener que esperar con ansia la llegada de la primavera al Corte Inglés, se le une otro que es dictaminar cuando empiezan las rebajas.

Desde hace cinco días muchas franquicias y tiendas pequeñas multimarca ya estaban de rebajas, pero hasta que Zara no ha colgado su cartel rojo nadie se ha sentido en esa doble época del año. Así que ahí estaba yo esta noche a las 00.00 en la página inicial de Massimo Dutti y Uterqüe con los objetivos claros de comprar básicos de algodón y fulares en la primera, y unos botines súper horteras de piel de potro con estampado de leopardo en la segunda. ¿Y qué me compre? NADA. Los botines volaron en 5 minutos, el tiempo que estuvo colgada la página mientras yo intentaba cliquear el número 37. Cuando lo conseguí, apareció el cartel de “agotados”.  Asco infinito.

En Massimo Dutti pasó lo que en forosvogue (pozo sin fondo de sabiduría en internet) llevaban vaticinando desde hacía días: que no habría tallas. Y no las hubo. Era imposible seleccionar algunos artículos porque a las 00.10 parecía todo arrasado. Y no me lo creo. Porque por lo que podía leer en las redes sociales todo el mundo estaba igual que yo.

Hemos pasado de la leyenda urbana de que Inditex hacía ropa sólo para rebajas, a la aparición  de los rincones ordenados de nueva temporada, esas prendas que llevan un mes en las perchas pero que de repente insuflan primavera, a las prendas fantasma. Y eso no es más que una herramienta de marketing para crearnos la necesidad de comprar al instante porque realmente luego no está, luego no se rebaja o luego no hay talla. Moda rápida de deseo rápido y de compra rápida porque desaparece.

El poder de cambiar esto lo tiene el consumidor, pero aunque digamos que queremos un consumo sostenible, lo cierto es que parece que queremos seguir siendo una Carrie de armario repleto, que vive por encima de sus posibilidades 100% viscosa. A las colas en las calles me remito.










31 de diciembre de 2012

Brillos horteras


El otro día llamé al mi novio hortera. Y me salió del alma. Y él se dio cuenta.


El pasado jueves el mi novio hablaba conmigo por teléfono mientras preparaba la maleta para irse de vacaciones a su casamadre. Y no sabía cómo trasportar el traje porque yo tenía su portatrajes con su otro traje. El traje lo quería para la noche de Nochevieja. Y le llame hortera. Sin pensarlo y desde lo más profundo de mi  ser. Y me quede tan a gusto, oiga.

Tras una profunda reflexión el que un hombre hecho y derecho se ponga traje, por muy guapo que este, que lo está, para salir en Nochevieja en un pueblo-ciudad de provincias, al mismo bar adolescente previo pago de 60 euros que te dan acceso a una cantidad ilimitada de garrafón del Mercadona y un gorro cutre de los chinos, es una horterada. Más aún cuando ese hombre hecho y derecho sólo se pone traje para las bodas y fiestas de muy, muy, muy guardar, por muy guapo que esté que lo está, y teniendo eventos más importantes que la Nochevieja a lo largo del año, que quizás pudieran necesitar traje y no se lo pone.

La Nochevieja es hortera por definición y un sinsentido total. Para mi pensar en Nochevieja es imaginar a ellos de traje mal llevado y ellas de brilli brilli  con peinados imposibles y tacones maripaz, sin ser yo nada de eso. Una opinión políticamente incorrecta pero que se reafirmó en mi antes de ayer cuando Cathy de Aragón le dijo a Confuso que la Nochevieja “era más cateta que Paco Martínez Soria en Williamsburg, y vestirse para ella más”. Yo creo que Martínez Soria en Williamsburg sería un muso porque podría pasar por icono hipster perfectamente, más si lleva a su gallina bajo el brazo, pero como símil es rotundo.

Quien pudiera de verdad ponerse esmoquin y traje largo para acudir a una fiesta narrada por  Fitzgerald y revivir esos días en los que el sport wear era un concepto diferente y la gente se vestía para el cóctel cada día. La democratización de la moda ha hecho que las fechas señaladas sean horteras y predecibles y el buen gusto, que no está ligado al dinero, desparezca, así como los manuales del buen vestir.

Herí el corazoncito del mi novio pero no llevará traje. Él y yo perfectamente podríamos ir a un baile en blancoy negro. Pero aún no nos han invitado.



"Before nights falls" Mario Testino. Vogue USA Septiembre 2003