HEROES, HEROÍNAS Y CRETINOS ARROGANTES

Soy fan de muchas, diversas y ridículas cosas. Entre las cosas de las que soy fan se incluyen objetos, personas y animales. Soy incluso fanática de lo fan, pero, aunque pueda sonar contradictorio, no tengo ni muchos ídolos, ni muchos héroes.

De hecho, en mi vida sólo tengo dos héroes, de los que por supuesto soy fan. A pesar de mi condición de neofeminista, mis héroes hasta la fecha, han sido de género masculino. El término neofemisnista, que conste que me lo acabo de inventar. No se si existirá o no. Me considero feminista. Por supuesto. Pero gracias a mis amplios o escasos (lo he de evaluar aún) conocimientos en materia de ciencias, se y estoy convencida, de que existen diferencias biológicas insalvables entre hombres y mujeres. Ni mejores, ni peores. Diferentes e insalvables (véase la oxitocina y demás hormonas y su diferente y cruel manera de jugar e interaccionar entre ellas, en hombres y mujeres…).
Los dos héroes, de los que soy fan, son Manolito Gafotas y Carlos Herrera. El primero porque es un pringaó de barrio, del que no sólo se ríe su amigo Yihad, sino también su madre, su vecina la Luisa, su sita Asunción, su hermano y hasta el más pringaó que él, mejor amigo, Orejones López. Es pardillo, cabezón y está un poco gordo (todo esto lo dice él, eh!) pero también es inocente, bonachón y un soñador de diez años, que es feliz con poco. Se que es ficticio, pero también superman y los X-men lo son, y la gente los tiene por superhéroes, así que ¿por qué mi súper héroe particular no puede ser Manolito Gafotas?
Mi segundo héroe, Carlos Herrera (alias “el líder”), lo es por varios motivos. Motivo uno, estudio Medicina pero a él la carrera se la traía al pairo y ha terminado siendo un periodista respetable, sin necesidad de pasar por la facultad de comunicación. Yo he terminado Odontología y aspiro a dirigir Vogue (a todo esto, Yolanda Sacristán ¿Cómo es posible que utilizando a la gran Lindvall, la portada de este mes parezca mas propia del Telva que de una edición de Vogue?) Motivo dos, es fan de muchísimas cosas y es capaz de unirlas todas en su hora de los fósforos (por ejemplo, le encanta el tema escatológico en todas sus versiones, e indagar en ello, así que es recurrente en él hablar de colonoscopias y tactos réctales y saber que sienten sus oyentes al ser sujetos de semejantes pruebas médicas, de manera que aúna lo medico, lo cochino, su ansia de conocimiento y de relacionarse con los oyentes, en un mismo programa y hora) Motivo tres y más importante, sacia todas mis inquietudes de sabiduría porque sabe de todo lo que se puede saber, sin darle la más mínima importancia. Si hubiera nacido en el Renacimiento, hubiera sido considerado un humanista en toda regla, de la talla de Leonardo da Vinci o Maquiavelo.
Digo que mis héroes hasta las fecha eran sólo dos y hombres, porque desde hoy, mi vida tiene una heroína de la que me declaro superfan, Escarlata O’Hara.
Escarlata era una pija, caprichosa de familia bien que creía que podía conseguir lo que quisiera cuando quisiera no sólo por ser bella, sino por ser ELLA. Y tenía su arsenal. No en vano “un vestido bonito y una tez clara son armas capaces de derrotar al destino”, intenta tu, ravatirle a una chica como ella, una frase como esa. A Escarlata los convencionalismos, el “que dirán” y el decoro se la soplaban, así que para conseguir al hombre de sus sueños, Ashley Wilkes
, un panoli insulso, se planta un vestido escotado antes de media tarde. Gesto muy mal visto en la América sureña de época, pero ya decía yo que lo que la América sureña de época pensara, a Escarlata le resbalaba, el que no quisiera mirar que no lo hiciera y la que gustase de hablar, que lo hiciera…porque lo hacía por fea y por envidia. En el fondo la señorita O’Hara era un poco la Paris Hilton de su tiempo, que hablaran de una aunque fuera mal, pero claro está, nuestra heroína aunque mostraba busto a mediodía, no se le pasaba por la cabeza mostrar la ausencia de ropa interior fuera la hora que fuese, básicamente porque May (su criada) se encargaba de mantenerle limpios y almidonados los refajos…y de que se los pusiera.
Pero, paradojas de la vida, el soso Ashley, bebía los vientos por la no más sosa Melania. Así que Escarlata se quedo moviendo el abanico, rodeada de moscones y fría (por el escote digo) al enterarse del compromiso entre ambos. Como buen ombligo del mundo que se creía, no se cruzó de brazos y espero a que otro con mejor caballo la recogiera. La tía que era un manipuladora y una víbora (el que la considere una heroína no significa que no vea sus defectos), se hizo intima de Melania y se ligó al hermano de esta, Charles, que era tan soso, insulto y panoli como los otros dos, para ver si podía meter cizaña. Por si no fuera ya bastante culebrón el tema del trío con hermanos de por medio, Margaret Mitchell (la autora del LIBRO) mete un tercer hombre, Rhett Butler. Tan egocéntrico y vanidoso como Escarlata, asquerosamente encantador. El típico cretino que no se compromete. El hombre que ninguna madre quiere para su hija, porque le va a hacer sufrir, porque va a jugar con ella y luego la va a desechar cual klinex. Vamos lo que se entiende por un cabrón con pintas. Escarlata, que como a la mayoría de las mujeres inteligentes, le va la marcha, se prenda de él, pero como a vanidosa no le gana ni el increíblemente encantador Rhett, pues abiertamente no da su brazo a torcer ante él (aunque él sepa que la tiene loca) que sea él, el que se arrastre ante ella, ¡Estaría bueno! En esto la historia y los errores de nuestras primeras no nos han hecho más sabías a las chicas. Cuanto más chulo es el pájaro en cuestión, más nos gusta. No nos importa que detrás de nosotras haya hombres sensatos y encantadores que intenten bajarnos la luna para aumentar nuestra felicidad. Nosotras cuales moscas tontas, siempre nos sentimos más atraídas por la caca. En el fondo nos gusta que nos den caña, esa es la razón por la que los blanditos siempre se quedan a mitad de camino en todo. Luego claro, nos quejamos…
A muchos le sorprenderá que tenga por heroína, a una mujerzuela que lo a lo único que parece dedicarse es a los juegos del amor, sin importarle nadie más que sí misma. Escarlata era más que una vividora (esta palabra es muy de mi abuelo), era una luchadora que cuando vinieron mal dadas, dio la cara. Y no me refiero al amor, sino a la guerra. En los momentos cruciales de la vida, la señorita O’Hara se dejaba de pamplinas, cursilerías y lloriqueos y hacia todo lo que estaba en su mano para salvar su familia y Tara de la hambruna y los yankies, mostrándose luchadora, e independiente.
A pesar de todo, su carácter díscolo, vanidoso e intimidante, le pudo y si quedo sin Ashley, sin Charles (que murió en contienda) y sin Rhett (en el fondo era un acojonaó); pero a ella como mujer fuerte que era, sinceramente querida, le importaba un bledo ya pensaría en ello mañana que, al fin y al cabo, sería otro día.

1 comentarios:

Señor Quinquillero dijo...

Yo soy muy fan de los libros de Manolito Gafotas, los tengo todos y recuerdo unos ratos de risas estupendos. Me encanta la Luisa, que es super vulgar y clase media con aspiraciones de nueva rica, y su perra Boni que es un desastre y un poco asquerosa. Y también me flipa la Porfiria la de la panadería tienda de chucherías. Son geniales.

Un beso ;)

 

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