DE COMO MI PATO SE CONVIRTIÓ EN UNA PERSONA IMPORTANTE

Hasta el momento en el que la vi, ese día lo recuerdo con gran nitidez. Era martes, 21 de Junio. Dos días antes como si hubiera sido una premonición, había estado llorando. Desoladamente, sin consuelo, llena de angustia y de rabia. Nunca había llorado de ese modo y nunca lo he vuelto a hacer. Casualidades del destino, ese mismo día, el mismo que yo me había pasado llorando sin control y sin aparente motivo, allí había llovido. Un diluvio. Según decían mi calle parecía un río desbordado. El pueblo entero, un turbio mar.

Aquel día era el primero del verano, y me quedaban aún cuatro exámenes. Para mi el día comenzó demasiado pronto. Cuando subí mi persiana, en la 304, Catalina bajaba la suya y no precisamente porque hubiera estado estudiando hasta esa hora… Mi cuarto estaba revuelto, sólo me quedaban dos noches de dormir en él, en aquella residencia en la que el destino había querido que viviera durante los primeros dos años de mi segunda vida. Mi móvil, en silencio. No era recomendable comunicarme demasiado con el mundo. Al mirarlo para ver la hora, lo que a mi me parecían infinitas llamadas… aquello no era bueno, pero aún así, no me imagine lo peor. Diez minutos más tarde, Plaza España, esperando un coche azul que no llegaba. Un viaje casi en silencio y al llegar, unos ojos de treinta años llenos de lágrimas se abrazaron a nosotras.

Entré en su habitación donde sólo estaba mi madre. Mi madre y Ella. Mi madre me miró y me sonrió. Y yo la abrace. Estaba tan congelada que no fui capaz de llorar. Ella estaba echada en la cama, vestida con su vestido más nuevo, uno azul que hacia juego con sus diminutos y chispeantes ojos. Al cuello su medalla de la virgen con la cadena larga como le gustaba, y un collar de perlas. Llevaba hasta los zapatos. En la silla de al lado de su cama, el bolso negro, el de los viajes, donde asomaba un pañuelo blanco. Ese bolso con el que paseaba por el puerto de Gijón llevándolo hacia atrás, y mi abuelo tras ella “porque como tiene la manía de llevar el bolso así, yo la dejo ir delante, por si viene un caco y se lo quita; para salir corriendo tras ese cabrón”. No parecía que hubiera pasado lo peor. Parecía que dormía antes de ir a la novena de San Juan. Me coloque a su lado. Le toque la cara y le cogí de la mano. Estaba suave. La bese. La bese como ella me besaba a mi cuando hacía mucho tiempo que no me veía, con ganas. En verdad hacía, lo que a mi me parecía una eternidad que no la veía llena de vida. Desde el 4 de Abril. Desde el día que cumplió 85 años. Ese mismo día en el que me había confesado, que ya se sentía cansada.

El resto de día/días no los recuerdo ya tan claramente. Sólo fotogramas inconexos. Como aquel, en el que Él estaba sentado, apoyado en su bastón, con la cabeza agachada y el sombrero puesto. Su gran amor desde hacía 60 años, del que todavía dormía la siesta cogido de la mano, se había ido antes que él. Lo que nunca deseo.
Lo siguiente que recuerdo, es a mi entrando en la residencia de nuevo. Al pasar por la salita que estaba antes de mi cuarto, me mire en el enorme espejo de cuerpo entero que teníamos. Fue extraño porque ese fue en el momento en el que comencé a sentirme pequeña de cuerpo. Es como si de repente en vez de medir metro sesenta, fuera aún más bajita, y como si mis huesos, que hasta entonces se marcaban lo normal, sobresalieran demasiado de la piel. Abrí la puerta de mi cuarto. En mi cama sin hacer, había un patito de goma amarillo y un papel sucio que ponía “Para ti, te quiero”. Aquel pato amarillo era el hermano pequeño del pato que la amiga que me quería le había comprado a Frijolito, que nunca había tenido un pato. Un pato con el que cada vez que yo bajaba a la 108, jugaba. Un pato que había robado mi amor por Ataraxía, la calavera que dormía bajo la cama de aquel cuarto.
Encendí la radio y comenzó a sonar “Angels”. Y me hablaba de ella, y sonreí. Aquella mi última noche en la 216, la dormí agarrada a un patito de goma amarillo. A la mañana siguiente, antes de ir a mi examen de Cirugía, busqué el disco, puse “Angels” y volví a sonreír.

Una lista de personas, una lista de canciones. Cada persona, una canción y esa es la suya. Hoy ya hace tres años, y recuerdo claramente su voz, su risa, siento su tacto y la puedo oler… como si hubiera estado con ella ayer. A veces la siento. A veces creo que me mira. Se que esta conmigo. Se que su recuerdo, siempre permanecerá conmigo… al menos cada vez que suene “Angels”.


"ANGELES" (Robbie Williams)
Me siento y espero.
¿Un ángel contempla mi destino?
¿Y saben ellosel lugar al que vamos
cuando somos canosos y viejos?
Porque me han dicho
que la salvación les permite desplegar sus alas.
Por eso cuando estoy acostado en mi cama,
los pensamientos corriendo por mi cabeza,
y siento que el amor está muerto,
Amo a los ángeles en ese momento.
Y a pesar de todo, ella me ofrece protección,
mucho de amor y afecto,
esté bien o mal.
Y hacia abajo, por la cascada
dondequiera que me lleve,
sé que la vida no me arruinará.
Cuando llegue el momento, ella no me abandonará
Amo a los ángeles en ese momento.
Cuando me siento débil,
y mi dolor camina en una sola dirección.
Miro hacia arriba,y sé que siempre seré bendecido con amor,
y a medida que el sentimiento aumenta,
ella le otorga carne a mis huesos,
y cuando el amor está muerto
Amo a los ángeles en ese momento"

2 comentarios:

Holly Golightly dijo...

Querida, me alegro de encontrarte.

¿Qué tal todo?

Wednesday dijo...

Holly!!! Mi primer comentario en mi blog... me hace muchisima ilusión que hayas sido tu, en serio!

 

Me leen...