UNA NUEVA ERA


Como tuiteaba Anna Dello Russo, “es el fin de una era”.


La partida de Carine Roitfeld de Vogue Paris, ya sea por voluntad propia o por voluntad invitada, es un cambio de rumbo en el negocio de la moda que tiene más implicaturas de las que en un principio se creía.
Nada más conocer la noticia y colgarla malamente en el blog, Alphonse muy intuitivamente, me comentaba que más que un adiós voluntario era un adiós obligado.


Carine llegó a Vogue Paris en 2001, pero no fue hasta aproximadamente finales de 2005 cuando el fenómeno explotó. Aparecieron los blogs e internet hizo visibles, reconocibles e identificables caras desconocidas de la moda. Desde las modelos de relleno en pasarelas y editoriales, hasta diseñadores no-estrella. Pasando por fotógrafos, dueños de conglomerados de lujo y como no, responsables de revistas: editoras y estilistas.



Nosotros creamos al monstruo, ellos lo alimentaron y ahora ha explotado. A diciembre de 2010, cualquier ayudante de fotografía mediocre tiene un tema abierto en TheFashionSpot.


“Si algo nos gusta es porque ellos lo han elegido y fotografiado como un sueño”
debimos pensar por aquel entonces. La necesidad de ser el más moderno hizo el resto. Internet, la separación de seis grados entre unos y otros ha hecho que aquello que solo era sabido por los que estaban dentro sea a día de hoy público para cualquiera.

Durante los 90 casi nadie que compraba una revista, sabía cómo se llamaba su directora, a menos que lo leyera en los créditos, es más, le importaba muy poco. Se creía que las modelos que desfilaban para una determinada firma, eran elegidas por su diseñador. Russell Marsh no había nacido. Sólo los muy, muy profesionales en moda sabían que las mismas editoras, eran las verdaderas musas y que esas editoras no se dedicaban sólo a conjuntar prendas, sino que participaban en el proceso creativo. Era un mundo más inocente.

Pero Él lo cambio todo. Él, Tom, que no era diseñador, era director creativo. No dibujaba, dirigía. Como si fuera un presidente de gobierno de un país poderoso se rodeaba de asesores. Y Él, Tom, que pretendía vender sexo porque olió antes que nadie que era lo que la sociedad demandaba, sabía a quién tenía que llamar para transformar sus visiones en imágenes reales: a Mario Testino.
Cuando Testino comenzó a fotografiar las campañas de Gucci, no era un novato. No hacían falta ordenadores e internet para que cualquier amante de la moda sin recursos supiera quién era. En el 95, Mario Testino ya era un habitual en todas las ediciones de Vogue, pero dónde sus imágenes alcanzaban un alto voltaje con un punto punk y mucha sofisticación era en “The Face” y en “Glamour” francés dónde trabajaba con una modelo reconvertida a estilista llamada Carine Roitfeld.

Tom les llamó y entre los tres crearon la estética más reconocida, copiada y deseada del cambio de milenio. Carine se convirtió en su musa. A finales de los 90, Carine dejo las revistas de vanguardia y segunda fila para juagar en la liga de los campeones: Vogue USA.
La tecnología puso cara a la musa de Tom, a la mujer en la que se fijaba para vestir a las demás mujeres. Si ellas ansiaban Gucci por lo que su mujer ofrecía, Carine era quien lo tenía.
Carine era chic, era francesa, era misteriosa, era una musa y nadie mejor que ella para revivir el “allure” de Vogue Paris, muy muerto hace diez años. La Roitfeld trasladó la estética Gucci a una publicación de primer nivel. La forma de vender moda de la revista, era totalmente innovadora. Consiguió que lo que antes estaba sólo destinado a revistas “underground” , valiera para una revista de gran tirada y sobre todo para desear y vender muchos productos de lujo.


Quien se crea que los bolsos de Balenciaga se empezaron a vender porque Kate Moss se colgó uno del brazo, se equivoca.
Las primeras en lucirlos fueron las chicas de Carine. Si, Carine, que odia los bolsos, Emmanuel, que antes muerta que femenina, Marie Amelié y Julia, fueron las primeras en recibir el hoy, icónico bolso. Las primeras en colgárselo del brazo para pasear por la Rue Saint-Honoré y Vogue Paris la primera revista en utilizarlo. Se cree que fueron ellas las que olieron el talento de Ghesquière, pero no, fue Ghesquière el que las utilizó a ellas.

Durante los primeros cinco años de Carine al frente de Vogue Paris, Balenciaga aparecía en todos los editoriales y era Balenciaga la firma que deseaban todas las editoras de todas las revistas.

Haciendo memoria, Carine y sus chicas sentaron las bases de la estética del nuevo milenio mucho antes de que se les fuera de las manos con el rollo voguette: La firma más deseada y que cambió la estética de la moda fue Gucci. Carine era musa de Tom. El nombre más innovador que creaba en un mundo donde las copias y las inspiraciones en otras épocas comenzaban a intuirse, era el de Nicolás Ghesquière. Marie Amelie Sauve colocaba mes tras mes creaciones de Nicolás en Vogue Paris, fotografiadas por los mismos chicos que hacían las campañas de Balenciaga: Inez Van Lamsweerde & Vinoodh Matadin, el penúltimo talento de principios del siglo XXI. En las calles, las chaquetas tipo Tweed de Chanel y las perlas falsas comenzarón a utilizarse con vaqueros. La primera en llevarlos y la ideadora de aquello, fue Emmanuel Alt, mano derecha de Carine desde los tiempos de “20 ans” que, curiosamente, antes de Balmain, era la principal estilista de Chanel. Los 80 volvieron Gianni revivió durante un soplo y ella, la musa, fue la primera en llevar “Versace Vintage”.

Todo esto antes de 2005. Pero ese año, nació el Sartorio, comenzaron los blogs y ellas de repente tenían cara. Eran las más guays del patio y todos queríamos ser ellas. El monstro alcanzó la mayoría de edad. La portada más esperada de cada mes era la de Vogue Paris porque modelo que salía, modelo que se encumbraba. No hacía falta pisar Nueva York ni pasar por el ojo de Wintour. Anna ya no utilizaba modelos en portada. Lo mismo pasaba con los diseñadores, hacía ya un lustro que Galiano estaba en Dior. Si eras estadounidense debías llamar a las puertas de Times Squared y utilizar el color. Si eras europeo podías ser gótico y hacer Givenchy Alta Costura. Poder bipolar y pedimos el “bob” de la reina
La misma red que encumbró a la Roitfeld por simpática, tachó de mojigata insoportable a Wintour.
Fuimos todos los que pedimos la cabeza de Wintour, por rancia y por usar a demasiadas celebrities en sus números. Gustaba y mucho el “eau” de Vogue Paris.
En cada país hay cabeceras que venden más que Vogue
pero lo que te encumbra es salir en Vogue, pero al final lo que cantan son los números y eso se traduce en ventas.

Más sabe de todas formas, el diablo por viejo, que por diablo. A Anna poco le importa salir en portadas de revista. Poco le importa que la odien y le tengan miedo. Y poco le importa que le critiquen su uso continuado del mismo par de Manolos. Ella está para vender ropa. Por eso en sus editoriales de primavera hay flores y color rosa. La publicidad es la que paga la revista, su sueldo y la que da ganancias. Que las cifras de LVMH y PPR suban a ella le interesa porque los almacenes que las venden en USA también aumentan sus ganancias. Anna tiene muy claro que ella y su revista son el mediador entre las firmas y el público.
A una mujer de 50 años de clase media, trabajadora y con tres niños, no le puedes colocar una foto en blanco y negro de una rubia escuálida con cara tapada y un mono de Martin Margiela enseñando una teta. Porque esa mujer deja la revista en la estantería y se lleva a su casa esa revista donde una jovial chica luce un traje de falda abullonada de Oscar de la Renta con complementos de Prada. No se puede permitir el look completo, pero coge esa idea y la hace realidad acorde a sus posibilidades para la boda de su hermana, y quizás algún día, con la extraordinaria de Navidad se compre esos zapatos, que si, son muy altos pero tienen pinta de ser suaves y cuando su hija cumpla 15 los podrá llevar.

Estamos en crisis y hay que vender lo poco que se pueda. Mientras Vogue USA plantea iniciativas como la “Fashion Night Out” para fomentar el consumo, Vogue Paris muestra mes tras mes mucho cuerpo y poca ropa y así, no se vende porque el mercado de la carne está prohibido.
La marcha de Carine es un golpe en la mesa para demostrar quién manda. Hace ya año y medio que Vogue Paris fue vetado en los desfiles de Balenciaga y que la ropa de la firma no aparece en la revista. Se dice que fue a causa de una abrigo, pero Marie Amelie hace tiempo que no pisa la redacción del Vogue parisino y David Sims ha sido sustituido por Meisel en las campañas de Ghesquière. Balenciaga es una firma pequeña pero vive bajo el respaldo de grupo Gucci que aglomera muchas, muchas, muchas firmas que nutren de publicidad todas las revistas de moda del mundo. La mitad de esas revistas pertenecen al grupo editorial Condé Nast. Una lucha de titanes. A todos les interesa vender, pero está claro que sin anuncios no hay revista.
El último rumor apunta además a que el grupo LVMH le pidió a Carine el número de Diciembre, y esta, hizo oídos sordos y se lo dio a Tom Ford. Una llamadita de
Bernard Arnault a Jonathan Newhouse. Un últimatum. “O Carine o LVMH” y Carine se va.No se puede ser la mejor estilista y la más querida por el público. No se puede creer que eso te hará estar por encima del bien y del mal. Porque al final solo cuentan los negocios.
Cómo si se tratara de “Diablo viste de Prada”, Miranda gana por saber detrás de lo que se anda.En términos estéticos Carine ha hecho muchísimo por la moda en los últimos diez años, la he hecho evolucionar mientras otros se quedaban estancados pero al final, el no ser una mujer de negocios le ha hecho caer. Balmain está de moda pero no conozco a nadie que se lo pueda comprar. Vogue París es un deseo que sale caro y no vende ejemplares y eso en tiempos de crisis no es rentable.
Voy a echar de menos a Carine porque soy víctima de ella, porque la adoro, a ella y a su entorno y porque para mí es un icono vivo y si ella decide fundar una revista y llevarse a las feas de Alt y Saglio, yo la compraré y la coleccionare, pero yo, que soy una mujer joven soltera que me gusta muchísimo la moda y que distingo en Zara cada colección copiada. Pero, no ya mi madre, si no mis amigas que pertenecen al mismo grupo generacional que yo, no lo harán y les dará igual y cuando para tomar un avión se tengan que comprar una revista, se compraran Glamour que es un sueño más alcanzable.


FOTOS
"Séville en mantille" por Mario Testino
Estilista, Carine Roitfeld. Vogue Paris 1995

6 comentarios:

Paula dijo...

Que buen articulo, hay mucho de lo que cuentas que desconocía porque era demasiado pequeña a principio de este siglo (que raro suena decir eso)

En cualquier caso coincido contigo en muchas cosas, ante todo en la visión que tiene de Carine, me parece un AUTENTICO icono de la moda en estos días de tanta mediocridad y la seguiré allá donde vaya.

Un saludo!

MARIO dijo...

Nunca se sabrá lo que pasa,aunque quizás el tiempo lo díra.Pero pese a todo,y digan lo que digan de ella,yo la echaré de menos...bS!

gea dijo...

Gran post! Felicidades

Di dijo...

Por ser tú te perdono la autopromo.

^_^

Feliz Navidad para ti también y esperemos que los Reyes Magos le traigan a Alt carbón y una carta de despido

Namy dijo...

wow.... gran post!...
ahora ya entiendo muchas cosas!...
da gusto leeros!...gracias.
muak

FAI dijo...

Soberbio post, no se podía relatar y resumir de mejor la historia de Carine... Felicidades!!
Fai

 

Me leen...